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Textura de grano sutil

CAPÍTULO 5

FUCK A TEXT

           Hay descubrimientos que llegan como una explosión, y hay otros que llegan como una pantalla iluminada en medio de la noche. Sofi estaba acostumbrada a las malas noticias; después de la ruptura, había aprendido que cualquier notificación podía convertirse en una herida. Pero aquella vez fue diferente. No estaba buscando nada, no estaba investigando, no estaba intentando descubrir un secreto: el secreto simplemente apareció.

 

Luis utilizaba Grindr. Sofi miró la pantalla una vez, después otra, como si leerlo nuevamente pudiera cambiar las palabras, pero las palabras seguían ahí. De pronto, todo lo que había escuchado durante tanto tiempo comenzó a reorganizarse dentro de su cabeza: la asexualidad, el deseo, las explicaciones, las contradicciones y las conversaciones que nunca terminaban de tener sentido.

 

Sofi no sabía exactamente qué debía sentir: ¿enojo, dolor, confusión, traición? Quizás todo al mismo tiempo. Porque no se trataba únicamente de una aplicación; se trataba de la contradicción, de las cosas que Luis había dicho, de la imagen que él había construido y de la manera en que ella había intentado comprenderlo. Ahora, de pronto, existía una parte de su vida que parecía haber sido completamente distinta a lo que ella conocía.

 

Sofi se quedó mirando la pantalla. Durante mucho tiempo había pensado que el problema era ella: tal vez era demasiado intensa, tal vez pedía demasiado, tal vez quería demasiado, o tal vez había algo en ella que no era suficiente. Pero aquella noche, por primera vez, se permitió hacer una pregunta diferente: ¿Y si nunca fui yo el problema?

 

La pregunta no la liberó inmediatamente; no funcionó así. Las respuestas no aparecen como una puerta que se abre de repente: a veces llegan lentamente, tardan meses, o uno entiende la verdad y todavía sigue extrañando a la persona que la verdad acaba de destruir. Sofi podía saber que algo había sido una mentira y, aun así, echar de menos al mentiroso. Esa era la parte más humillante.

 

El corazón no tiene un sistema de justicia, no dice: Esta persona te lastimó, por lo tanto, a partir de este momento dejarás de sentir amor. Ojalá funcionara así, pero no. El corazón es mucho más estúpido: puede extrañar a alguien que te hizo daño, recordar los buenos momentos mientras intentas sobrevivir a los malos, o querer volver a una casa que ya se incendió.

 

Sofi tuvo que aceptar que el problema no era solamente lo que Luis había hecho; también era todo lo que ella había imaginado que él era: el hombre que la amaba, el hombre que iba a casarse con ella, el hombre que algún día iba a volver o que en algún momento iba a darse cuenta de todo lo que había perdido. Sofi había construido una versión de Luis dentro de su cabeza y esa versión estaba desapareciendo, poco a poco, con cada descubrimiento, contradicción, silencio y verdad que aparecía demasiado tarde.

 

Entonces tomó una decisión: contacto cero. No porque dejara de sentir, sino porque seguir teniendo acceso a alguien que te está destruyendo puede convertirse en una forma de autolesión emocional. Sofi bloqueó una plataforma, después otra, luego otra. Cada bloqueo era extraño: a veces sentía alivio, a veces tristeza, a veces quería desbloquearlo inmediatamente, pero volvía a recordar por qué lo había hecho y lo mantenía bloqueado.

 

Luis ya no podía escribirle, Sofi tampoco podía escribirle a él; la puerta estaba cerrada, esta vez de verdad. Pero cerrar una puerta no significa dejar de escuchar lo que ocurre del otro lado. Sofi sabía que Luis continuaba viviendo, saliendo, conociendo personas y siendo Luis. Esa idea le dolía porque mientras ella intentaba reconstruirse, él parecía haber encontrado la manera de continuar.

 

La vida era injusta de esa manera: no todos sufren al mismo tiempo, no todos sanan al mismo ritmo, no todos comprenden lo que perdieron cuando lo pierden, y a veces, cuando finalmente lo comprenden, ya es demasiado tarde. Sofi no sabía cuánto tiempo tardaría en dejar de amar a Luis, pero sí sabía algo: no podía seguir esperando que él decidiera cuándo volver, no podía seguir viviendo entre promesas, no podía seguir esperando una explicación que quizás nunca llegaría, ni continuar mirando una puerta cerrada esperando que alguien del otro lado se arrepintiera.

 

Así que decidió marcharse. No con elegancia, no con una sonrisa, no con una frase perfecta; se marchó herida, enojada, confundida y todavía enamorada. Pero se marchó.

 

Durante un tiempo creyó que esa era la parte más difícil, pero se equivocaba. El verdadero problema de dejar a alguien atrás es que el pasado nunca se va completamente: a veces cambia de rostro, a veces aparece en una nueva relación, a veces te observa desde una cuenta desconocida, a veces comienza a seguirte, a veces le da "me gusta" a tus videos... y a veces te escribe.

 

Sofi todavía no sabía que, cuando finalmente comenzara a recuperar su vida, el pasado iba a encontrar una nueva forma de tocar a su puerta. Y esta vez, no iba a ser Luis.

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